03.10.2026
Despedida de Irena Rusak-Rojas, coordinadora de programas y administración del Centro de Información del DAAD en Costa Rica
¿Cuál fue su primer contacto con el DAAD y cómo llegó a trabajar en el Centro de Información de Costa Rica?
Cuando llegué a Costa Rica, exactamente un año antes de entrar al DAAD, no tenía la menor idea de que existía una organización como esta. La oficina del DAAD en Polonia abrió algunos años después de que yo ingresara al DAAD aquí, así que ni siquiera en mi propio país la conocía. Apliqué, bastante desesperada, a la GTZ (actual GIZ) para un puesto de secretaria bilingüe, lo que, con mi español recién medio aprendido, fue bastante atrevido. Pero sabía que tenía que buscar lo que fuera para comenzar a integrarme al mercado laboral. Además, mi primera opción siempre era una institución alemana, para no olvidar el idioma y comenzar en un ambiente cómodo para mí, porque de alguna manera era previsible y familiar.
Cuando vi la gran cantidad de mujeres esperando su entrevista y nos entregaron un texto de una página sobre la importación de una maquinaria para traducir del alemán al español, ya sabía que no tenía ninguna posibilidad. Si hubiera tenido que traducir al polaco, habría sido, como dicen en Costa Rica, pan comido. Pero en español apenas podía comunicarme en situaciones de la vida diaria. Aun así, una por una las candidatas fueron entrando a la entrevista y finalmente me tocó a mí. Me entrevistó el director de la GIZ en Costa Rica y conversamos largo y tendido, pero no sobre el puesto, sino sobre… Szczecin, la ciudad donde estudié y viví antes de venir a Costa Rica. Resulta que él había nacido en Szczecin y le interesaba todo sobre la ciudad.
Obviamente no obtuve el puesto, pero algo debió de haber visto en mí, porque cuando la entonces directora de la Außenstelle del DAAD en San José, la Dra. Martina Schulze, buscó una nueva colaboradora, él le envió mi currículum. En enero recibí una llamada de parte de ella y en febrero ya estaba trabajando. Y así fue como el DAAD me encontró a mí. Ingresé el 3 de febrero de 1995 y me quedé 31 años y 6 meses.
2. ¿Cómo ve el ámbito de la cooperación científica y el intercambio académico para los siguientes años? ¿Cuáles son los retos y desafíos que enfrenta?
No es ningún secreto que los acontecimientos de los últimos años a nivel mundial, la guerra en Ucrania y otras crisis importantes han tenido un fuerte impacto en muchos ámbitos, y la cooperación científica y el intercambio académico no están exentos de ello. Cada vez se destinan más recursos a la producción de armamento en lugar de invertir en procesos pacíficos. Son tiempos complejos. Para las universidades y para instituciones como la nuestra, esto significa menos recursos disponibles. Sin embargo, no es la primera crisis que vivimos a lo largo de estos años y, como siempre, en momentos así hay que encontrar la manera de salir adelante y de transformar las debilidades en fortalezas. Esto es algo que aprendí en Latinoamérica. Cuando no se tienen todos los recursos a mano, hay que ser creativo, no darse por vencido y buscar nuevas soluciones. Esa es una gran fortaleza de la región.
La pandemia nos obligó a hacer un curso intensivo de virtualización del trabajo y de las relaciones profesionales. En tiempos de crisis, esto puede convertirse en una ventaja importante. Aunque, a mi juicio, nada sustituye el contacto personal, la posibilidad de aprovechar la virtualidad para reducir los costos de la cooperación internacional es valiosa y ya se está aplicando con éxito en muchos ámbitos. Otro aspecto importante es construir alianzas en lugar de competir. Este sería un consejo para las universidades costarricenses. Existen muchos ejemplos de cooperación muy productiva en el seno de CONARE, pero estoy convencida de que todavía hay mucho más espacio para profundizarla. ¿Por qué no pensar en una mayor colaboración entre universidades que ofrecen carreras similares, compartiendo personal docente, laboratorios y otros recursos? Cada universidad tiene fortalezas particulares y ponerlas al servicio de proyectos concretos podría generar enormes beneficios para todas las partes involucradas. Esto es especialmente relevante en el nivel de posgrado, donde los costos suelen ser más elevados. Ya existen algunos ejemplos de programas compartidos entre universidades, aunque todavía de manera tímida. Se requiere flexibilidad y disposición para cuestionar modelos tradicionales.
La educación es algo irrenunciable y debe ayudarnos a derribar las fronteras mentales que nos limitan a lo conocido, para descubrir que el mundo es cercano y que, detrás de cada cultura, hay potenciales amigos y aliados, no extraños. Por eso también deberíamos pensar en ofrecer a los estudiantes más oportunidades para realizar estancias cortas en el exterior que les permitan avanzar en sus carreras con reconocimiento académico de los créditos obtenidos. Las becas de larga duración son cada vez más escasas, pero eso no significa que la internacionalización deba detenerse. Alemania es un excelente ejemplo de cómo desarrollar con éxito la llamada “internacionalización en casa”, una estrategia que impulsa desde 1997 con resultados muy positivos.
Otro desafío importante es comunicar mejor a la ciudadanía el aporte que realizan las universidades al desarrollo de nuestros países. Precisamente en momentos en que el valor de la educación superior y de las universidades públicas es objeto de cuestionamientos en diversos países, resulta fundamental acercar el quehacer universitario a la sociedad y demostrar de manera tangible su impacto. Es necesario ser más estratégicos y creativos a la hora de mostrar los resultados del trabajo universitario y de hablar en un lenguaje que cualquier persona pueda comprender. También en este campo la virtualidad abre un amplio abanico de posibilidades que vale la pena aprovechar.
3. ¿Nos puede contar sobre su experiencia más gratificante trabajando para el DAAD en todos estos años?
Sin duda alguna, lo más gratificante ha sido la posibilidad de apoyar a tantas personas en sus carreras profesionales y, por consiguiente, en sus vidas. Es muy bonito y satisfactorio observar la evolución de nuestros ex becarios a lo largo de los años. Ver cómo una persona joven que llega a una primera cita para averiguar si existe alguna oportunidad de beca se convierte, con el tiempo, en una investigadora o un investigador de prestigio internacional, cuyo trabajo genera un impacto significativo en su campo de estudio. En muchos casos, uno no puede evitar pensar que, sin el apoyo del DAAD, quizás ese camino habría sido mucho más difícil o incluso no habría sido posible.
A lo largo de estos años he tenido el privilegio de acompañar cientos de historias de éxito y de ver cómo el conocimiento adquirido en Alemania regresa a Centroamérica y a la República Dominicana en forma de investigación, docencia, innovación y compromiso con la sociedad. Cada una de ellas ocupa un lugar especial en mi memoria y me emociona de manera muy personal. Saber que, aunque sea de manera modesta, uno ha podido contribuir a ese proceso es una enorme satisfacción.
Hace algunos años, y gracias a la iniciativa personal de una ex becaria del DAAD, la Dra. Lizbeth Salazar, nuestra oficina recibió de la Defensoría de los Habitantes de Costa Rica el reconocimiento “Aportes al Mejoramiento de la Calidad de Vida”. Fue un honor muy especial, porque representó el reconocimiento al trabajo que el DAAD ha venido realizando durante más de cuatro décadas en Centroamérica y la República Dominicana. Ser parte de esta labor y de esta gran comunidad académica ha sido, sin duda, uno de los mayores privilegios de mi vida profesional.
4. ¿Hay alguna anécdota que le gustaría compartir con nosotros?
Hay muchas. Desde las anécdotas de la vida diaria, los “gajes del oficio”, como dicen aquí, hasta algunas que pudieron haber tenido consecuencias bastante más serias. Voy a contar dos, comenzando por una de estas últimas: En el año 2003 logramos obtener el financiamiento para organizar un gran Congreso de Alumnæ en el precioso Panajachel, Guatemala, con la participación de un diputado alemán de la Comisión para América Latina, el ministro de Ciencia de Brandeburgo, rectores centroamericanos y otros invitados de alto rango, además de la familia centroamericana del DAAD. Toda la logística —y conste que en aquella época no existían Teams ni herramientas similares— se coordinaba por teléfono, fax y correo electrónico. Para asegurarme de que todo estuviera preparado y en orden, viajé a Guatemala el domingo anterior al inicio del evento.
En mi pasaporte polaco figuraba una autorización que me permitía ingresar sin visa a Guatemala gracias a mi condición de residente permanente en Costa Rica. Ya había utilizado este permiso varias veces sin ningún inconveniente. Sin embargo, al momento del chequeo para abordar el avión me preguntaron por la visa. Resultó que la Embajada de Guatemala en Costa Rica había enviado recientemente una comunicación indicando qué países requerían visa para ingresar, y Polonia aparecía en esa lista. De nada sirvió explicar que en dos días llegarían más de 150 participantes internacionales al congreso y que yo llevaba conmigo toda la documentación, la logística y los recursos necesarios para el evento. Sin mi presencia, nos habríamos enfrentado a un problema muy serio. Mientras el personal de la aerolínea deliberaba cómo interpretar aquella comunicación de la Embajada, yo sudaba frío. Pensaba frenéticamente a quién podría llamar para resolver la situación. Finalmente contacté a un amigo en Guatemala que tenía buenos contactos en el gobierno, y él logró comunicarse con las autoridades migratorias en el aeropuerto de Guatemala. Después de una larga espera llegó la confirmación: la carta de la Embajada no anulaba el permiso que aparecía en mi pasaporte y podía viajar. Me dejaron abordar, pero durante aquellos interminables minutos realmente sentí que me moría de la angustia.
La segunda anécdota es mucho más reciente y pertenece claramente a la categoría de los gajes del oficio. Ocurrió el penúltimo día de mi trabajo. Había recibido una amable invitación del señor Rector de la Universidad Técnica Nacional para un pequeño acto de homenaje en el campus central. Mis colegas Grettel y Juan Antonio y yo salimos apresuradamente a buscar un Uber y logramos partir con suficiente tiempo. Sin embargo, por un descuido marcamos como destino la UTN de Atenas y no la de Alajuela. Como la sede de Atenas aparecía primero en la aplicación, nadie notó el error. Quienes conocen San José un viernes por la tarde saben perfectamente cómo puede ponerse el tránsito. En medio de aquel congestionamiento nos dimos cuenta, ya bastante tarde, de que íbamos en la dirección equivocada. No quedó más remedio que devolvernos y emprender nuevamente el camino correcto. Llegamos tardísimo.
En toda mi vida profesional nunca había hecho esperar a un rector, y mucho menos durante casi una hora (sic!). Además, en esta ocasión yo era precisamente la persona homenajeada. En otras palabras: el homenaje sí se realizó, pero la homenajeada estuvo a punto de no llegar. Por dicha, don William (el Rector en persona) y los demás invitados tuvieron piedad de nosotros y nos esperaron pacientemente, además tranquilizándonos amablemente cuando finalmente aparecimos. Gajes del oficio…
5. ¿Qué planes tiene ahora para su jubilación?
Pienso hacer todo, y más, de lo que no pude hacer durante tantos años. La oficina trabaja para ocho países de la región y siempre hubo más trabajo que personal disponible. Además, desde el año 2020 somos únicamente tres personas. Esto significa que muchas veces se trabaja más allá del horario regular y que los eventos y viajes suelen ocupar también fines de semana. Poco a poco fui dejando de hacer muchas cosas por falta de tiempo y, en algunas ocasiones, también por falta de energías. Ahora quiero recuperar todo eso. Espero poder visitar con frecuencia a mis hijos en Suiza y Alemania, así como a mi familia y amigos en Polonia y en Alemania, país del que todavía me queda una buena parte por conocer. También quisiera descubrir un poco más de este inmenso mundo.
Gracias al DAAD tengo amigos en más de 50 países. Muchos de ellos los conocí durante los foros y reuniones en Bonn y, con varios, he mantenido una amistad que ha perdurado mucho más allá de lo profesional. Estoy segura de que ahora tendré más oportunidades para reencontrarme con algunos de ellos. Y, además, espero que ocurra algo que he pospuesto durante años: recibir en Costa Rica a muchos de esos amigos. Será un gran placer mostrarles no solo este maravilloso país, sino también Centroamérica, una región todavía poco conocida por muchos europeos, pero extraordinariamente rica en naturaleza, cultura y, sobre todo, en la calidez de su gente.
Después de más de tres décadas de trabajo, creo que ha llegado el momento de dedicar más tiempo a la familia, a los amigos, a los viajes y a todas aquellas cosas para las que siempre decía: “algún día”. Sin embargo, pienso no renunciar a la familia del DAAD porque hice amigos personales el DAAD en Bonn y en Centroamérica donde la muchos de ellos son ex becarias y ex becarios del DAAD. También mis colegas de la oficina en San José Grettel y Juan Antonio y también en México son más amigos que colegas, así que no pienso perderme del horizonte. Y quién sabe, tal vez ahora algunos de mis amigos del DAAD se animen finalmente a conocer Polonia. Será un placer mostrarles mi país natal y compartir con ellos aquellos lugares que marcaron mi historia. Después de tantos años acompañando a personas a descubrir nuevos horizontes, quizás ahora me toque a mí ejercer de guía turística personal.
¡Muchas gracias por la entrevista Irena y todo lo mejor para su bien merecida jubilación!